Galletas
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GALLETAS Y Tu. . . ¿que has comido hoy? -------------------------------------------------------------¡Por fin termine!Anna se dejo caer en aquel pedazo de tronco viejo y pesado que se encontraba en su casa. Servia lo mismo de sillón que de mesa, dependiendo de la ocasión. Anna, morena, alta, delgada y de cabello rizado, tenia 18 años y ya era madre de una nena de cinco que le hacia sentir orgullosa de su propia existencia. Si valía la pena vivir era para dar mas vida, por supuesto. Del padre de la niña poco o nada se sabia, hacia ya años que se había alejado del pueblo pregonando uno que otro ideal y buscando entre ciudades vecinas empleos que pudieran darle un poco mas de dinero que el que ganaba anteriormente como pescador. La vida no era fácil, no solo en su pueblo, en todo el país. Las frecuentes crisis financieras y políticas mermaban las esperanzas de tener una vida mejor. Su casa era también la casa de sus padres quienes trabajaban todo el día; en realidad era una choza, quizá ni ha eso llegaba, una cabaña hecha con laminas, tablas huecas con polillas y trozos de plástico llenos de mugre. No había habitaciones, todo estaba en un solo compartimento de pequeña escala. Las camas, los sillones y hasta el baño brillaba por su ausencia y una precaria lumbre hacia las pases de estufa. Mientras Anna miraba su casa desde el tronco la vida se le hacia añicos y su estomago le exigía algo de comida. No había nada. El poco arroz que quedaba lo dejaría para que comieran mañana su hija y sus sobrinos. Era medio día y ya no tenia comida. Algo común por esos días, nada anormal. Mientras miraba por la puerta de la choza se preguntaba si era verdad aquello que muchos aseguraban:que mas allá del mar existían países con comida, con empleo y con casas, ella no se creía fácilmente esas cosas. Desde pequeña su horizonte siempre a sido su pequeño Haití, hasta hace un par de años se dio cuenta de que existían otras realidades en el mundo. No sabia leer, no había ido a la escuela aunque siempre deseo hacerlo. De vez en cuando y solo en algunas temporadas observaba con curiosidades y admiración a esos niños que soñolientos se dirigían a escuelas improvisadas a kilómetros del pueblo. Los contemplaba y los ojos se le llenaban de ilusiones y de lagrimas. -Mami, tengo hambre
Un pequeña historia de un capitulo.
Un instante en la vida de los que la pobreza y la misera los tiene sumergidos en el olvido del mundo.
Una pequeña vivencia de los que menos tienen. Un momento que se perderá en el tiempo, como las lagrimas en la lluvia.
Un historia...
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Un pequeña historia de un capitulo.
Un instante en la vida de los que la pobreza y la misera los tiene sumergidos en el olvido del mundo.
Una pequeña vivencia de los que menos tienen. Un momento que se perderá en el tiempo, como las lagrimas en la lluvia.
Un historia que nació justo después de leer un articulo titulado "Galletas de Tierra" en el blog del señor Rodolfo Serrano.
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