TEMA 8. ARTE ROMÁNICO. COMPLETO
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pacopaco1973
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HISTORIA DEL ARTE 2º BACHILLERATO.
UNIDAD DIDÁCTICA 8.
ARTE ROMÁNICO.
PLANTEAMIENTO DIDÁCTICO.
RODRÍGUEZ PRADOS, FRANCISCO.
1
1.
- PRESENTACIÓN Y JUSTIFICACIÓN.
El estudio del arte de la Alta Edad Media se presenta desde el...
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HISTORIA DEL ARTE 2º BACHILLERATO.
UNIDAD DIDÁCTICA 8.
ARTE ROMÁNICO.
PLANTEAMIENTO DIDÁCTICO.
RODRÍGUEZ PRADOS, FRANCISCO.
1
1.
- PRESENTACIÓN Y JUSTIFICACIÓN.
El estudio del arte de la Alta Edad Media se presenta desde el punto de vista didáctico
como una ocasión inmejorable para analizar con detenimiento el concepto de estilo en sus
elementos de unidad/ diversidad.
Hasta aquí hemos venido analizando los estilos artísticos como entidades, o formas de
articular lenguajes estéticos, que evolucionan en el tiempo con una dinámica propia, aunque se
dejen influir por estilos anteriores y coetáneos.
Pero no hemos tenido ocasión de observar cómo
en un mismo momento histórico, y en pueblos geográficamente próximos y herederos de un
mismo acervo cultural, se produce una multiplicidad de situaciones artísticas, que vienen
condicionadas por factores internos —como la tradición cultural de cada uno de los pueblos que
componen el mosaico en que se divide el Imperio Romano de Occidente— y externos, según el
grado de aislamiento de cada uno de los focos, y, en consecuencia, del valor de los intercambios
que se producen entre ellos, o de las influencias que reciben de culturas superiores en pleno
apogeo (Bizancio y el Islam).
En esa dialéctica unidad/ diversidad, el arte prerrománico hispano, tanto por su evolución
cronológico-estilística a lo largo de cinco siglos, como por sus relaciones con otras culturas, se
presta mejor que ningún otro a la observación de los elementos que tienen en común —todos ellos
muestran de manera más o menos patente el trasfondo cultural romano y la recepción de modelos
bizantinos—, y aquellos otros elementos que los individualizan y contribuyen a la configuración de
cada uno de los estilos.
Muchas de esas experiencias serán el punto de partida del arte románico,
del que en algunos casos cuesta trabajo deslindar, pues como dice I.
Bango resulta duro llamar
prerrománicos a edificios como Santa María del Naranco, cuándo habría que llamarlos
protorrománicos.
En torno al año 1100 se produce, tras el paréntesis multiforme del prerrománico, el retorno
a la homogeneidad en el arte europeo occidental.
Es una nueva unidad estilística, también
heredera del arte romano y no exenta de los matices regionales que enriquecen el estilo.
La
situación es sorprendente si se piensa que esa misma unidad está lejos de ser conseguida en el
terreno político, puesto que el territorio europeo occidental sigue estando políticamente atomizado
en reinos y feudos, teóricamente aglutinados en el Imperio.
Hay, sin duda, otros factores que facilitan la evidente integración: el despertar económico y
demográfico de Europa Occidental, que se recupera del terrible período de las invasiones y
experimenta el resurgir de las primeras ciudades medievales; la reforma de la Iglesia, y
especialmente de la orden de San Benito, que favorece el auge del papado y la unificación de la
cristiandad occidental, y, sobre todo, el restablecimiento de las comunicaciones entre esos
núcleos de población cristiana, a través de las peregrinaciones y de las cruzadas.
Por último, la unidad didáctica se presta muy bien al análisis de los fuertes vínculos que se
establecen en Occidente entre arte y religión, situación que no se volverá a encontrar en ese
grado hasta el concilio de Trento.
Si ha habido una cultura teocéntrica en Europa Occidental, ha
sido la románica; si hubo un arte fuertemente orquestado desde los monasterios, fue el románico.
No podía ser de otra forma puesto que en ellos se refugió la cultura durante esos siglos oscuros.
Y
ese vínculo, presente en otras épocas y lugares, favorece el desarrollo de la imagen como
elemento catequético, postura en la que la iglesia católica tuvo pocas dudas.
No obstante no hay que olvidar que también hubo una cultura popular, llena de vitalidad, y
crítica con la cultura oficial, recogida en parte por la lírica de los goliardos cuyos vestigios se
pueden rastrear en los canecillos de muchas iglesias rurales y aún conventuales.
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