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chapapote40
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MIÉRCOLES, 10 DICIEMBRE 2008 T E N D E N C I A S LA VANGUARDIA 21
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de la población que se
ocupa de personas
mayores dependientes
son mujeres
cree que la mujer debe trabajar
menos horas que el hombre y
llevar así la familia y la...
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MIÉRCOLES, 10 DICIEMBRE 2008 T E N D E N C I A S LA VANGUARDIA 21
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de la población que se
ocupa de personas
mayores dependientes
son mujeres
cree que la mujer debe trabajar
menos horas que el hombre y
llevar así la familia y la casa
El psiquiatra Luis Bonino define las microviolencias masculinas como
“hábiles artes de dominio que sin ser notables restringen y violentan
el poder personal, la autonomía y el equilibrio psíquico de las
mujeres, atentando contra la democratización de las relaciones”
Los efectos de las microviolencias
EVA VÁZQUEZ
El 67,1%
Presas de un malestar difuso.
Luis Bonino alerta sobre el malestar y daño psíquico que provocan
en la mujer las microviolencias.
Que un hombre no participe en
lo doméstico, que se aproveche
de la capacidad femenina de cuidar, que culpabilice y se justifique, que evite la intimidad y la reciprocidad, imponiendo incluso
silencios, tiene sus consecuencias.
La primera, un deterioro de
la autoestima; también malestar
inespecífico, incapacidad de reacción, inhibición de la lucidez, impotencia, fatiga, sentimiento de
estar atrapadas, irritabilidad crónica, actitud defensiva.
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, de todo
lo cual la mujer tiende a culparse.
Maltrato encubierto.
“Que haya
consecuencias es la prueba de
que existe ese maltrato”, señala
Esperança Bosch, profesora de
Psicología de la Universitat de
les Illes Balears y autora de La
voz de las invisibles.
“Puede ser
más coercitivo o más encubierto
–añade–, o darse en situaciones
de crisis, como es el caso del boicot a una pareja a la que han ofrecido un cargo importante y tras
prometerle te apoyaré en todo, se
la boicotea con un lo siento, hoy
no podré ir a buscar a los niños”.
Contratemos una cuidadora.
La
antropóloga Dolors Comas, catedrática de la Universitat Rovira i
Virgili, advierte cómo esa construcción cultural de géneros, asumida por las mujeres, las lleva a
sentirse culpables si no cumplen
su papel.
“Se naturaliza, por ejemplo, que tienen una capacidad innata para el cuidado que nadie
discute.
¿Es un caso de violencia
que las hijas y las nueras cuiden a
sus mayores antes que los hijos?
No en sí mismo, pero sí en la medida en que la sociedad jerarquiza los roles y valora a las personas
en función de estos, estableciendo relaciones de desigualdad.
El
análisis racional es difícil, pues el
tema está impregnado de emociones y dimensiones morales.
Al final, se resuelve contratando una
señora de hacer faenas y a una inmigrante que cuide de la madre.
Pagar antes que enfrentarse”.
c
CONOZCA UN CASO
CLÍNICO DE MICROMACHISMO COTIDIANO
EN LA WEB
www.
lavanguardia.
es
JEAN-PAUL PELISSIER / REUTERS / ARCHIVO
LEA UNA VERSIÓN MÁS COMPLETA
DE ESTA INFORMACIÓN EN LA WEB
www.
lavanguardia.
es
Una mujer se somete a una mamografía
M.
CHAVARRÍA Barcelona
L
ina tiene a su madre, muy mayor, ingresada en la planta de oncología de
un hospital barcelonés.
A la espera del desenlace
final, Lina se multiplica para
dar respuesta a las necesidades
de su padre –“el pobre está
muy asustado”–, las de su marido –“tiene una dolencia cardiaca”– y las de
sus propio trabajo, donde por el momento parecen comprensivos.
Es mujer y la mayor de
sus hermanos.
Eso significa que no espera
gran ayuda: el único varón –y depositario único de la herencia familiar– esgrime que su
trabajo “no se lo permite”.
Hace apenas un
lustro, Lina superó un
cáncer de mama cuyo
dolor no compartió ni
con sus hijos.
“Quería
ahorrarles el sufrimiento, pero ahora sé que
no fue bueno para mí”,
dice.
Su caso es sólo un
ejemplo dela grave desigualdad de sexos que
se detecta en los hospitales.
El uso y abuso de
la capacidad femenina
del cuidado constituye
una forma de micromachismo,
como lo define el psiquiatra
Luis Bonino.
Un abuso que se
comienza a perpetrar delegando el trabajo de cuidado de los
vínculos y las personas en la
mujer, y que tiene sus consecuencias más graves cuando es
ella misma quien cae enferma.
“El drama es que cuidar se
tenga que asumir como una
obligación y no como una opción, porque lo lógico es querer
acompañar en el sufrimiento”,
asegura la antropóloga Dolors
Comas.
“Los hombres deberían
ver esa dejación como un déficit afectivo y de comprensión
de lo que significa el crecimiento humano, pues se experimenta una enorme gratificación al
entender más y mejor el sufrimiento, el amor y los afectos.
La sociedad no valora ese enriquecimiento personal, y es un
déficit con relación a cómo los
hombres han estado socializados hacia las dimensiones de la
materialidad y la instrumentalización de las relaciones”.
Evitar la reciprocidad en el
cuidado es un micromachismo
de libro, de los llamados utilitarios: el varón impone su creencia de que él es el único digno
de atención, por lo que la reciprocidad no tiene sentido.
Así,
le niega a la mujer el derecho a
ser cuidada, minusvalora sus
síntomas o apela a su no saber,
para no hacerse cargo.
Ese no saber se hace ostensible en las consultas de oncología: mientras en las de cáncer
de próstata suele haber un 50%
de hombres (pacientes) y un
50% de mujeres (acompañantes), el porcentaje es desigual en las de
cáncer de mama.
Las
mujeres, se esgrime como excusa, confían
más en el cuidado de
otras mujeres.
“Mamá, no te mueras, que ya sabes que
sin ti no somos nada”,
dice un joven en la misma planta de oncología
donde Lina cuida de su
madre.
El marido y el
hijo de la enferma, de
unos 50 años, sobrecogidos por el cuadro de
ahogo que presenta, no
aciertan ni a dar con el
timbre de enfermería.
En la habitación de
al lado, otra mujer con
metástasis es atendida
por su ex suegra.
“No
queda nada de lo que
era mi nuera: era guapísima; hacían una pareja de película con mi hijo”, explica.
Mientras, dos habitaciones más allá, un equipo
médico comunica a una mujer
de unos 60 que no tiene cura.
Serena, llama al marido y al hijo: “Los médicos quieren hablaros”.
Pero la reunión es un fracaso: el hijo huye de la realidad.
Tiene que ir a ver a su madre, alega.
Lina, a todo ello, insiste en
dar de comer a su moribunda
madre –“así mi padre se queda
más tranquilo”–.
Y el patriarca
grita: “No te mueras, que no te
he dado permiso para irte”.
c
Uno de los
micromachismos
consiste en evitar
la reciprocidad
en el cuidado
L
as microviolencias, o
microabusos, son todas aquellas prácticas
o comportamientos cotidianos que tienen como finalidad oculta mantener el dominio
y el control sobre la mujer, pero
manteniéndose dentro de aquella zona apenas perceptible, y
por tanto difícilmente detectable y todavía más difícil de nombrar, de la vida cotidiana.
Tiene
mucha efectividad porque surgen de aquellos contenidos atávicos que han alimentado los
atributos de la masculinidad durante siglos y que, por tanto,
han sido, y siguen siendo en muchos casos, socialmente aceptados.
Esta efectividad los convierten en más perversos (por cuanto son menos detectables) y más
letales para las mujeres, porque
retrasa o incluso desactiva tanto
la toma de conciencia como la
capacidad de reacción.
Sin embargo, salir de este laberinto es posible, y beneficiará
a la mujer, por supuesto, por
cuanto recuperará su autoestima y su capacidad de autonomía, pero también al varón, ya
que el recurso a estas estrategias indican una inseguridad y
un miedo a los cambios que empobrece a la persona, y, por el
contrario, tener el coraje de sentarse frente al espejo y preguntarse sobre los propios comportamientos abre nuevos caminos
que a la larga serán claramente
beneficiosos.
¿Cómo detectar esas trampas,
cómo visibilizarlas? En el caso
de las mujeres, la primera pregunta sería si esa relación le resulta gratificante de verdad, si
no siente que tiene que dedicarle una cantidad de energía desproporcionada, si con su compañero puede compartir sus sueños, aspiraciones y logros de
una manera sincera, sin miedo a
que se pueda sentir herido por
sus éxitos.
Por otra parte, conviene pasar revista a las concesiones que se han hecho en aras
del buen funcionamiento de la
relación.
Si el cómputo sale excesivo y/o desequilibrado, si las
concesiones hechas han limitado las ilusiones, expectativas y
proyectos personales, si para
evitar disgustos o discusiones se
ha dejado de hacer aquello que
tanto enriquecía, sin reciprocidad por la otra parte, la relación
es claramente abusiva y debería
replantearse.
Y, por supuesto,
atender al estado de ánimo (o a
avisos de personas próximas).
Ni la tristeza, el agotamiento
permanente, la apatía o el descuido personal son buenos augurios.
Amar no es eso y ser amada
tampoco.
Quizás la clave esté
ahí, en repensarnos el concepto
de amor, en inventarnos nuevas
formas de relacionarnos desde
los afectos y los deseos, pero no
desde el dominio ni el control.
¡Ah!, y por supuesto no aceptar
nunca un “estás loca” o “eres
una exagerada” cuando una se
decide a transmitir su malestar.
Quien realmente te ama nunca
te hará sufrir.
ESPERANÇA BOSCH FIOL
Investigadora y profesora de Psicología de
la Universitat de les Illes Balears
CONSULTA
El 32,4% de la gente.
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¿Cómopodemos detectar las microviolencias en la pareja?
ÚLTIMOS DATOS
DEL OBSERVATORIO
DE LA IGUALDAD
LVFUENTE: Ministerio de Igualdad,
datos del 1 de diciembre
En lo que va de año la violencia
sexista se ha cobrado.
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Tenían medidas
de protección
en vigor
No consintieron
que el agresor
quebrantara
la medida
9 mujeres
7 mujeres
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61 vidas
El 22% de las víctimas
había denunciado y un
3,4% retiró la denuncia
Dato del ministerio
y elaboración propia
De los hombres incapaces de acompañar en la muerte a sus mujeres
Linaenellaberintodelcáncer
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